Collage2.jpgLa evaluación psicológica es una de las tareas que realizan los psicólogos con mayor frecuencia en distintos contextos (Fernández Ballesteros, 1994). La constante en todos los contextos es los que se aplica la evaluación consiste en una serie de actividades de exploración, medida o análisis de comportamientos o fenómenos psicológicos relativos a un sujeto o grupo de sujetos y, que ello se realiza mediante un proceso de indagación y toma de decisiones.
Se han propuesto numerosas definiciones de evaluación debido a la pluralidad de actividades, contextos y objetivos psicológicos que se establecen para una evaluación; entre esas definiciones tenemos:
Tenbrink (2005) define la evaluación como el proceso de obtención de información y de su uso para formular juicios que a su vez se utilizarán para tomar decisiones.

Por su parte, López e Hinojosa (2008), enuncian las siguientes definiciones tomadas de otros autores:Según Garrido (1994), la evaluación es el proceso mediante el cual se emite un juicio de valor y nos permite tomar decisiones con base en un diagnóstico.
  • Cronbach (1984), dice que es un procesoel cual el profesor y los alumnos juzgan si han logrado los objetivos de enseñanza.
  • Rodríguez y García (1992), la define como el completo consistente en señalar los objetivos de un aspecto de la educación y estimar el grado en que tales objetivos se han alcanzado.
  • Viezca (1992), afirma que es la determinación del valor de algo (información) para juzgar algo.
  • López (1992), la define como el proceso científico que utiliza instrumentos cuantitativos y cualitativos; toma en cuenta registros, observaciones de conducta y trabajo del alumno.
  • Eisner (1993), dice que la evaluación es la estimación del valor de los resultados de un programa o actividad.

Las anteriores definiciones funcionan para las diferentes áreas de estudio en las que cada una fue planteada, por lo que no necesariamente satisface la necesidad de una definición general. Para tener un concepto más "adaptable" de evaluación, es recomendable tener en cuenta que antes de realizar una evaluación, se debe de llevar a cabo un proceso de medición adecuada, sin importar el campo de estudio en el que se trabaje, para así poder asignar un valor o emitir un juicio adecuado de nuestro objeto, tema o variable de interés.
A partir de lo expuesto anteriormente, podemos concluir que la evaluación es un proceso mediante el cual se emite un juicio de valor sobre una información previamente obtenida (medición) que servirá para la toma de decisiones. Dicha evaluación, en el contexto educativo, puede servir para estimar el grado en que los objetivos de un programa o actividad se han alcanzado. Con relación a esto, Casanova (1998) afirma que la evaluación en el proceso de enseñanza-aprendizaje consiste en un proceso sistemático de obtención de datos a partir de los cuales se obtiene información significativa acerca de la situación de dicho proceso, se hacen juicios de valor con respecto a ella y finalmente se toman decisiones con el fin de proseguir con la actividad educativa. Dicho autor propone que ésta actividad se debe de realizar desde el inicio del proceso educativo, así como llevar cabo de manera constante para una mejora progresiva.

Evaluación Educativa

El desarrollo de la evaluación ha sido producto de dos disciplinas que convergieron en el camino: la psicología y la educación. A la psicología, particularmente a la psicometría, se le debe la creación de los primeros test de rendimiento como el Stanford Achievement Test en 1923. Sin duda los psicólogos como L. Thorndike tuviero mucho que ver en ese desarrollo. Sin embargo, se desconoce que a Ralph Tyler se le debe la creación del término evaluación y, posteriormente el de assessment para referirse a la estimación del desempeño escolar, y que este grande educador e investigador fue el primero que diseñó pruebas de rendimiento basadas en los objetivos del curso, tal y como se conocen el dia de hoy (Cordero y García Carduño, 2004 en García Garduño, 2005) a principio de la década de los treinta. La distinción entre assessment y evaluaciónn es muy fina y, en ocasiones hasta confusa, la primera se refiere a la evaluación sistemática, usualmente a través de pruebas del desempeño escolar; en cambio, evaluación es un término más amplio.
Tyler es considerado el padre de la evaluación educativa, no sólo por acuñar el término de evaluación y por crear la metodología para construir pruebas objetivas de rendimiento, si no que también ideó el primer método para evaluar programas educativos a raiz del estudio curricular más grande realizado en los Estados Unidos: El estudio de los ocho años (1933-1941). La evaluación de los programas se inspiró en el mismo método tyleriano para diseñar test de rendimiento: evaluar en qué medida se han logrado los objetivos; dichos métodos estuvieron sin cuestionarse durante 20 años, hasta que Lee Cronbach (discípulo de Tyler) publica un artículo sobre el mejoramiento de los cursos a través de la evaluación. Fue esta gran psicólogo el primero en hablar de evaluación formativa sin usar este término.
Posteriormente, a raíz de la Guerra contra la pobreza y el acta de educación elemental, promulgadas en 1965 por el Gobierno Federal Estadounidense, surge la necesidad de rendir cuentas de los millones de dolares destinadados a la educación y a otros programas. Para llevar a cabo la tarea se contrataron especialistas en evaluación que determinaron la utilidad de los programas. Estos especialistas pronto se dieron cuenta que el método Tyleriano no proveía toda la información necesaria sobre la marcha y la utilidad de los mismos. Entre 1966 y 1971 surgen los principales aportaciones teóricas-metodológicas que han dado pie a otros modelos y variante metodológicas.
A partir de los setentas, la evaluación comenzó una etapa de profesionalización vertiginosa. En 1975 los evaluadores más connotados comenzaron a planear la construcción de estándares de evaluación que guiarán la práctica profesional; para ello fue creado el Comité Conjunto de Evaluación Educativa quien publicó en 1984 los primeros estándares de evaluación de programas. En 1994 salió a la luz la segunda edición de los estándares, se dividieron en cuatro grandes áreas: utilidad, viabilidad, propiedad (ética) y presición (método) de la evaluación.


El desarrollo de la evaluación en México

El trabajo de Martínez Rizo (2001; en García Garduño, 2005) presenta un panorama muy completo del desarrollo de la evaluación del aprendizaje y de las pruebas en el medio internacional y en México. De acuerdo con este autor, el nacimiento de la evaluación educativa y concretamente la del aprendizaje en México comenzó muy temprano, en 1936, con el Instituto Nacional de Psicopedagogía. Sin embargo, a decir del autor, es en la década de los noventa con el lanzamiento del Examen de habilidades y conocimientos básicos (EXCOBA), la creación del CENEVAL en 1994 y el área de evaluación de la SEP en 1995, que se ha atendido de manera sistemática la evaluación del aprendizaje.
Puede colegirse que uno de los grandes problemas que se han tenido en el país y que ha impedido el desarrollo de la evaluación y la continuidad en los proyectos y programas es, por ejemplo, que en la evaluación de los aprendizajes los registros formales son escasos o inexistentes (salvo por los testimonios) sobre el gran salto hacia adelante que se tuvo en la mitad de la decada de los setenta con la creación de la Dirección General de Evaluación de la SEP, encabezada por Raul Talán. Dicha Dirección se desarrolló manuales de elaboración de reactivos y de análisis de ítems; contruyeron y aplicaron pruebas de rendimiento a muestras nacionales. Sin embargo, dicho trabajo, el tiempo y el dinero ha quedado perdido en algún archivo muerto de la SEP. La historía comenzó nuevamente a partir de la década de los noventa. A pesar de todo ello, es en la evaluación del Aprendizaje donde México tiene los avances importantes en esta materia. Existen tres instituciones importantes dedicadas al cultivo de la materia: el Instituto de Investigación y Desarrollo Educativo de la UABEC (IIDE), el CENEVAL y el INEE.

Tipos de tests que se usan en la evaluación psicológica
Dentro de la Psicología es utilizada una amplia gama de pruebas, cada una de las cuales evalúa objetivos específicos de acuerdo a la intención de la evaluación
(Chavez M. 2011):

Test de conocimientos adquiridos
Se emplean por lo general para estimar el nivel que tiene el alumno en una materia académica concreta, por lo que se aplican como indicador del aprendizaje previo y como índice para predecir éxitos académicos futuros. En la educación primaria pública, lo habitual es que los alumnos realicen diferentes tests para evaluar el vocabulario, la habilidad con el lenguaje, la comprensión en la lectura, el cálculo numérico y la resolución de problemas, las ciencias naturales y las sociales.

Test de aptitudes
Predicen la ejecución futura en un área en la que el individuo aún no ha sido formado. Las escuelas, compañías privadas e instituciones públicas se sirven de ellos para asignar puestos específicos a cada candidato. También son necesarios para la orientación vocacional. Si alguien puntúa en las diferentes aptitudes (es decir, tiene un determinado ‘perfil’), como los profesionales de un campo concreto, se puede suponer que será apropiado para ocupar un determinado puesto de trabajo. Algunos cubren un amplio rango de habilidades necesarias para profesiones muy diferentes, midiendo la capacidad de razonamiento general, la percepción, la coordinación motora y la destreza manual. Otros se centran en un área profesional determinada, como el arte, la ingeniería o la capacidad para aprender idiomas.

Test de inteligencia
A diferencia de los tests de habilidades y capacidades específicas, los de inteligencia miden la capacidad global de un individuo para relacionarse con su entorno. Pueden ser de distintos tipos: el de Stanford-Binet —revisión de la escala de Binet-Simon realizada por Lewis Terman—destaca las habilidades verbales, mientras que las escalas de Weschler (WAIS y WISC para niños) separan en dos subescalas la inteligencia verbal de la no verbal, cada una con su cociente intelectual específico. También hay tests infantiles específicos que no requieren el uso del lenguaje y tests de inteligencia diseñados para ser aplicados de forma colectiva.
Las primeras escalas de inteligencia evaluaban la ‘edad mental’, nivel intelectual del niño según el promedio de su grupo de edad; de esta forma se podía conocer si un niño estaba situado por encima, por debajo o al mismo nivel que los demás. Dividiendo la edad mental entre la cronológica, se obtenía una cifra (el cociente intelectual) que, multiplicada por cien, daba la medida de la inteligencia, método que aún hoy se emplea. La media o promedio es 100 y casi la mitad de la población puntúa entre 90 y 110. El posible grado de error también se controla dentro de un proceso completo de evaluación, contrastando el conjunto de puntuaciones obtenidas en distintos tests.

Test de actitudes e intereses
Utilizados en orientación vocacional, pueden predecir los índices de satisfacción futura en una determinada actividad. Los cuestionarios de autoaplicación son realizados por el propio individuo, que indica sus preferencias entre una serie de actividades profesionales. Estos tests no pretenden predecir el éxito en una profesión concreta, pero sí ofrecer un marco que reduzca el abanico de posibilidades para el estudiante.

Test psicométrico de personalidad
Este tipo de tests miden el ajuste social y emocional, y se utilizan para identificar la necesidad de ayuda psicológica. Sus ítems describen brevemente sentimientos, actitudes y comportamientos típicos que se agrupan posteriormente en subescalas, cada una de las cuales representa un estilo o rasgo de personalidad determinado, como la extraversión o la depresión. En conjunto, estas subescalas dibujan el perfil de la personalidad del sujeto.

Técnicas proyectivas
Algunos tests de personalidad se basan en el fenómeno de la proyección, proceso descrito por Sigmund Freud como la tendencia de atribuir a otros ideas o sentimientos que uno no admite tener. Debido a su relativa falta de estructuración, logran obtener las respuestas más personales y significativas que orientan sobre las motivaciones profundas del individuo.
Los más conocidos son el test de Rorschach, o test de las manchas de tinta, y el TAT. Hay otros que consisten en completar frases, asociar palabras o dibujar (el de la figura humana —llamado ‘esquema corporal’—, la casa y el árbol son los más empleados).
Aunque la complejidad de la interpretación y el grado de subjetividad que implican los ha hecho vulnerables a las críticas metodológicas, son difíciles de aplicar en grandes grupos, aunque son muy útiles en psicología clínica, ya que aportan información más relevante, aunque en ocasiones menos rigurosa, que las pruebas psicométricas y profundizan en el análisis individual de la personalidad.



Métodos para la evaluación de los aprendizajes

Con el tiempo las tradicionales formas de evaluación como son la observación, la entrevista y el test, se han enriquecido y a ellas se han sumado otros métodos como la encuesta y los portafolios. Cada uno con sus singularidades y utilidades (Pimienta, 2008). A continuación se describen brevemente.

La observación.

Etimológicamente se puede describir como el acto o efecto de observar. Pero para su uso en la evaluación del aprendizaje. Pimiento (2008), propone una secuencia para la observación:
  1. Establecer el “todo” a observar.
  2. Determinar los criterios que regirán la observación
  3. Percibir con detalle, tomando en cuenta los criterios, es decir, recorriendo conscientemente el “todo” de forma tal que pueda escanearse de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro.
  4. Enunciar, según los criterios, las características observadas.

Esta propuesta es realizada para lograr un mejor uso de la observación como método de evaluación.


La entrevista.

La entrevista es mayormente definida como un proceso entre dos o más personas, a través de un medio generalmente oral, en el que se distinguen dos roles entrevistador y entrevistado (Rodríguez, 1995 en Pimienta, 2008). La entrevista debe ser dirigido por el entrevistador quien deberá tener un cierto conocimiento de lo que desea saber acerca de la otra persona.
El proceso de la entrevista independientemente de su tipo (estructurada, semiestructurada o no estructurada) debe de seguir el siguiente orden:
  1. Preparación de la entrevista.
  2. Ejecución de la entrevista.
  3. Conclusiones a las que se llega después de la ejecución.


La encuesta.

La encuesta puede ser usada para conocer aquellos fenómenos con los que no se está, o no se puede tener contacto de primera mano. También es de utilidad si se cuenta con pocos elementos que respondan.
Entre los tipos de encuestas que se pueden ver están las descriptivas y las explicativas, como su nombre lo sugiere las primeras tan solo desean conocer el fenómeno a través dela óptica de quien lo manifiesta, y las explicativas se interesan más por analizar si existe relación entre elementos del fenómeno.
Entre los recursos que se utilizan a modo de encuesta están os cuestionarios, escalas, exámenes, tests, entre otros.


Los tests.

El test se puede entender como un método sistemático mediante el cual ponemos a prueba a los alumnos, para que revelen o den testimonio de sus competencias actitudes, características de personalidad, etcétera.
Se puede poner a prueba a las personas mediante diversos recursos, sean estos tests de personalidad, inventarios de intereses, pruebas de adaptación, escalas de actitudes, test de rendimiento y exámenes diversos (Pimienta, 2008). Pero para su estudio se pueden dividir en:
a) De aptitudes
b) De personalidad, de intereses, de actitudes, de adaptación, etcétera.
c) De rendimiento y/o pedagógicos.


Los portafolios.

Generalmente los portafolios son carpetas divididas por aspectos, temas o capítulos, donde se recopilan productos de aprendizaje durante un tiempo determinado. Los portafolios son un método importante, puesto que sirven al mismo tiempo como un herramienta tanto para la enseñanza como para la evaluación, esta evaluación
puede ser realizada por el maestro o incluso por el alumno, resultando en una autoevaluación (Pimienta, 2008).



Referencias
López, B. & Hinojosa, E. (2008). Evaluación del aprendizaje. Alternativas y nuevos desarrollos. México: Trillas.
Tenbrink, T. (2005). Evaluación. Guía práctica para profesores. Madrid: Narcea.
Casanova, M. A. (1998). La evaluación educativa. México: SEP-Muralla.
García, J. (2005). El avance de la evaluación en México y sus antecedentes. Recuperado el 20 de mayo de 2012 de:http://redalyc.uaemex.mx/pdf/140/14002721.pdf
Chavez M. (2011) Psicodiagnóstico. Publicación web.