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Aunque a lo largo de los años se ha intentado conocer el aprendizaje y sus implicaciones, aún hoy no existe consenso entre los teóricos en la forma de definir dicho proceso.

Hilgard, en 1961, declaró que el aprendizaje es el proceso por el cual se origina o cambia una actividad, mediante la reacción a una situación dada, siempre que las características del cambio del curso no puedan ser explicadas con apoyo en tendencias reactivas innatas, en la maduración o cambios en el organismo. Dado que esta definición simplificaba el aprendizaje a un mero proceso fisiológico, no fue completamente satisfactoria, aunque años más adelante se retomaría desde otra perspectiva.


Papalia (1990) definió el aprendizaje como un cambio relativo en el comportamiento, que refleja una adquisición de conocimientos o habilidades a través de la experiencia y que puede incluir el estudio, la instrucción, la observación o la práctica. Los cambios en el comportamiento son razonablemente objetivos y, por tanto, pueden ser medidos.


Entonces un aprendizaje viene a ser dar un cambio en el ser llamado aprendiz. Las siguientes definiciones van más enfocadas a determinar cómo se da este cambio. De este nuevo enfoque, surgen las siguientes definiciones.
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De acuerdo con Schunk (2008 en Woolfolk, 2010):
El aprendizaje es un proceso que lleva a cabo la persona que aprende cuando interactúa con el objeto y lo relaciona con sus experiencias previas, aprovechando su capacidad de conocer para re-estructurar sus esquemas mentales, enriqueciéndolos con la incorporación de un nuevo material que pasa a formar parte de la persona que conoce. Ocurre cuando la experiencia (incluyendo la práctica) genera un cambio relativamente permanente en los conocimientos o las conductas de un individuo.
Quesada (1991 en López, 2008) define el aprendizaje como “el proceso en el cual se da la internalización de pautas de conducta que resulta de haber participado en un proceso intencionado de enseñanza-aprendizaje”.
Otros dos enfoques por los cuales se observó al aprendizaje: el cuantitativo y el cualitativo. El primero fueron definiciones del aprendizaje, en las cuales el punto central era la adquisición y aplicación de la información, por así decirlo “acumulativo”. El segundo enfoque, se centraba en un cambio debido a que lo que se aprendía recibía un valor, una significancia, dando una dirección hacia el aprendizaje como una actividad constructiva (Castañeda, 2004).
Pero esto es sólo un pequeño vistazo a la inmensidad de definiciones de un sinfín de autores que tratan de dar al aprendizaje una definición. De Corte, aportó una definición más amplia al aprendizaje en el año 1995:
El aprendizaje es un proceso constructivo, acumulativo, auto-regulado, orientado a la meta, situado, colaborativo e individualmente diferente, sobre la construcción del conocimiento y del significado. Es constructivo porque los alumnos no son meros recipientes pasivos sino agentes activos que construyen tanto el conocimiento como las habilidades intelectuales requeridas; es acumulativo porque los aprendices construyen el conocimiento nuevo sobre la base del conocimientos previos factuales, declarativos y procedimentales (incluyendo los metacognitivos); es auto-regulado porque el alumno es capaz de preparar su propio aprendizaje, como también lo es para tomar los pasos necesario para aprender, para regular su aprendizaje, para proveerse su propia realimentación y juicios sobre estándares de ejecución, así como para mantenerse concentrado y motivado; es orientado a metas porque provee intencionalidad explícita con conciencia y da orientación interna a las metas; es situado porque está basado en experiencias de los alumnos en contextos y situaciones auténticos de la vida real lo que les permitirá utilizar después lo aprendido en las situaciones de trabajo; es colaborativo porque el aprendizaje es un proceso social, noción central de una concepción constructivista del aprendizaje, donde no sólo se aprenden los conocimientos pertinentes sino también las maneras de pensar, valorar y utilizar las herramientas asociadas a un trabajo determinado, así como para aprender de los demás.

Referencias
Castañeda, S. (2004). Educación, aprendizaje y cognición. México: Manual Moderno.
De Corte, E. (1995). Fostering cognitive development. A perspective from research on mathematics learning and instruction. Educational Psychologist, 30, pp. 37-46.
Hilgard, E. (1961). Teorías del aprendizaje. México: Fondo de Cultura Económica.
López, B. & Hinojosa, E. (2008). Evaluación del aprendizaje. Alternativas y nuevos desarrollos. México: Trillas, pág. 13.
Woolfolk, Anita. (2010). Psicología educativa. Cd. de México: Pearson, Pág. 198-199, 11ª edición.